Rodar en Almería en invierno: por qué vienen equipos de media Europa
Almería reúne de noviembre a marzo lo que casi ningún destino europeo: mediodías de 18 a 20 grados, puertos de más de diez kilómetros y carreteras con poco tráfico. Eso concentra el volumen del año en salidas largas, y una posición que aguanta dos horas no siempre aguanta cinco.

Por qué aquí y no en otro sitio
La combinación es rara. Hay sitios con buen clima invernal y terreno llano, y sitios con puertos excelentes y cinco grados en diciembre. Aquí coinciden las dos cosas en un radio de una hora: Velefique y la Sierra de los Filabres para subir de verdad, Calar Alto para las salidas largas, el Cabo de Gata para rodar llano contra el viento, el desierto de Tabernas para el gravel, y la costa del Levante para los días de recuperación. Casi todo eso queda a menos de una hora del estudio, así que muchos de los que vienen combinan la sesión con una salida por la zona: lo contamos en la página del estudio biomecánico para ciclistas de Almería.
A eso se suma algo que se valora poco hasta que lo vives: en enero puedes salir a las diez de la mañana con manguitos y no cruzarte con nadie en veinte kilómetros.
Qué le cambia a tu cuerpo un invierno de volumen
El invierno es cuando más horas seguidas se pasan encima de la bici. Y las horas seguidas son el examen de verdad de una posición: los desajustes pequeños necesitan tiempo para convertirse en molestia. Quien hace tres salidas de hora y media entre semana puede pasarse el año sin notar nada y descubrirlo en la primera salida de cinco horas.
Hay además dos factores que casi nadie tiene en cuenta:
- El frío reduce el rango articular al empezar. Los primeros kilómetros con la cadera fría no son representativos, y muchos ajustan la posición justo por esas sensaciones.
- La ropa de invierno cambia la posición. Un culotte largo, una chaqueta y guantes gruesos alteran el grosor en los tres puntos de contacto. El agarre del manillar con guante de invierno no es el mismo que en agosto.
El error clásico de quien viene de campus
Lo vemos cada temporada. Un ciclista desmonta la bici para meterla en la maleta, la remonta en el hotel y sale a rodar. La altura del sillín «a ojo», la potencia girada un par de grados, las calas tocadas al guardar las zapatillas. Diez días de kilómetros grandes sobre una posición que no es la suya.
Si vas a hacer aquí el bloque más importante del año, merece la pena empezarlo con las cotas comprobadas. Y si no has hecho nunca un estudio, este es el mejor momento: los cambios necesitan dos o tres semanas de adaptación, y en invierno tienes ese margen.
Las cuatro salidas que vas a hacer sí o sí
Y lo que cada una le pide a tu posición:
- Velefique. Trece kilómetros al 6 %. Casi una hora sentado en el mismo punto: el examen del sillín y de la movilidad de cadera.
- Calar Alto. La subida larga de la provincia, para el día de más horas. Aquí manda el margen: lo que aguantas cansado, no lo que aguantas fresco.
- Cabo de Gata. Llano, viento y grupeta. Muchos kilómetros en posición baja y agarrado abajo: si el tronco no da, se nota en la lumbar y en el cuello.
- Desierto de Tabernas. Gravel y vibración constante durante horas. La vibración es la que más rápido duerme las manos si el ángulo de maneta o el ancho de manillar no son los tuyos.
Si vienes de fuera
Organizamos la cita para que se resuelva en una sola visita, normalmente el día de llegada o el siguiente. Sales con el informe técnico y todas las cotas por escrito, que es lo que te permite remontar la bici igual cuando vuelvas a casa o cuando la vuelvas a meter en la maleta.
Atendemos en español y en inglés, sin intérprete y con la misma persona de principio a fin.
Escrito por
Edu Fresno, fundador de Bibobici
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